Un rastreador de agua enterrada encuentra un venero donde se abrirá un pozo. Mientras el pozo avanza, lajas del cretácico revelan que este semidesierto en la mixteca baja de Puebla antes fue un brazo de mar. En Santa Inés Ahuatempan, una comunidad ngiba donde la falta de agua es común, la ritualidad atrae a las lluvias y a los ríos subterráneos.